HISTORIA DE Chelsea Camaron y MJ FIELDS

LENGUAJE ADULTO

miércoles, 21 de septiembre de 2016

CAPITULO 27 (PRIMERA HISTORIA)





Estamos sentados en el bar, comiendo hamburguesas, cuando entra Sadi. Inmediatamente resopla:
—Pensé que estaba trabajando los jueves por la noche sola.


—Pau no trabaja, Sadi. Estamos cenando juntos. —Le hago un guiño a Pau, y sonríe, sus ojos se iluminan—. Le sigo diciendo que se vaya a casa, trabaja demasiado, pero quiere pelear conmigo al respecto —bromeo.


—No es como si aguantaras mierda de una…


—Ten cuidado, Sadi.


—Así que iré de puntillas alrededor de…


—Escucha, Sadi, las cosas que me dijiste la otra noche, bueno, no es que sea tu asunto, pero él ya lo sabe. Sadi ríe como si se tratara de una broma, y me rio de Pau intentando ser ruda. —De hecho, vivimos juntos. —Oírla decir eso hace que sea... bueno, verdadero.


—Sí, claro —se burla Sadi con una risa malvada y me mira. Cuando no me río ni lo niego, su mandíbula cae—. Está bromeando.


—No, no lo hace. —Me rio ahora, porque la expresión de Sadi es de perplejidad—. Hace casi una semana.


—¿Recoges perros callejeros ahora?


Miro a Pau, y ahora no es tan ruda. No, se ve avergonzada.


—No, la mudé conmigo. Así que, como dije cuando entraste, cuidado con lo que dices. Ella es una muy buena amiga.


Le doy a Pau un guiño, luego llevo nuestros platos a la cocina. Cuando salgo, está recogiendo sus cosas.


—¿Cansada? —pregunto, rozando su mejilla con mi dedo.


Asiente.


—Bueno, descansa un poco. Te veré pronto. —Me inclino y beso la parte superior de su cabeza mientras Lucas entra, negando.


—Nos vemos.


—Mierda. —La acerco a mí y susurro—: ¿Cuándo tendrás tu, tu…?


—Debería ser cualquier día —responde en un tono frío.


Mientras el bar comienza a llenarse, Sadi empieza a crear problemas. Una camarera en la noche de damas es algo estúpido para empezar, pero una maliciosa perra ciertamente no es lo que necesito.


Lucas y Gonzalo están jugando bien con la multitud y terminan sin camisa antes incluso de que empiece el baile en la barra. Estoy en la parte de atrás cuando Lucas aparece.


—Ella es una mala puta idea. —Se refiere a la bruja de Sadi—. ¿Dónde está Pau?


—La envié a casa. Está trabajando demasiado.


—¿Me estás vacilando? Le encanta esto. ¿Cómo se lo ha tomado? —Lucas está siendo un tonto, tratando de presionarme, y no estoy de humor para explicarme.


—Realmente no es asunto tuyo cómo toma nada. Es mi preocupación.


—¿Qué quieres decir con que es tu preocupación? —pregunta, levantando una ceja.


—No utilicé preservativo la otra noche. Pensé que ella estaba tomando la píldora o algo así. Hay una posibilidad de que podría…


—¡Mierda, hombre! —Lucas está radiante mientras lo dice.


—No, amigo, esto no es bueno. No tengo nada que hacer siendo el viejo de alguien.


—Vamos, P. —Se ríe.


—Ninguno de nosotros lo hacemos —espeto—. No sabríamos cómo serlo.


—¿Estás bromeando? Mamá fue ambos, así que seguro como la mierda que lo hacemos. —Frunce el ceño y después ríe—. Si no eres lo suficientemente hombre, sé que yo lo soy. Sólo di la palabra y me deslizaré —hace una pausa—, justo en ese pequeño…


—Joder, cuidado, hombre.


—No tengo miedo. Tú, en cambio, eres un gallina de mierda y es jodidamente divertido de ver.


—Nada de esto es divertido.


—¿Te gusta ella?


—Por supuesto que me gusta. —Niego y miro hacia abajo—. Papá amó a mamá una vez, también, y mira cómo…


—Eres un Alfonso, no papá. Ella ni siquiera nos dio su apellido. —Nos miramos en silencio por un momento—. Algo me dice que a mamá le encantaría Pau, Pedro.


Asiento.


—La extraño.


—Un poco menos en las últimas semanas, ¿eh?


Lo ignoro, recostado contra la pared. Supongo que por fin estoy llegando al final de la etapa de duelo: la aceptación. Al fin. Igual que la muerte, todo es tan definitivo. Desprenderme de mamá, de la pérdida sin hacerlo de su vida. Es todo tan definitivo. Jodidamente duele.


—No necesitas responder. Creo que todos nos sentimos mucho mejor con Pau alrededor. Es buena gente, Pedro.


—Sí, lo es. —Sonrío mientras siento la alegría inundarme.


 Aceptación.


—Y, joder, está muy buena. No metas la pata, hombre, porque no tendrás la oportunidad de etiquetarlo, y voy a…


—Vete a la mierda. —Lo empujo y me río—. Ahora manos a la obra.



***


Cuando llego a casa, Floyd no está en la puerta esperándome. A decir verdad, no lo ha hecho en toda la semana. Me quito los zapatos y subo las escaleras. No puedo quitarme la ropa más rápido. Todo lo que quiero es caer en la cama, acercar a Pau, oler su cabello y sostenerla toda la noche. Así que eso es lo que hago.



***


El viernes por la noche, Pau va retrasada. Bueno, no retrasada, sino no muy temprano, y siempre llega temprano. 


Cuando por fin entra, siento que una calma se apodera de mí. Es la misma sensación que siempre tenía cuando veía que mamá no había sido golpeada por papá.


—Hola, Pau. —Lucas sonríe y envuelve su brazo a su alrededor—. ¿Cómo está nuestra chica?


Lo mira y luego a mí.


—¿Bieeeen?


—Perfecto. —Besa la parte superior de su cabeza y ella me mira.


Gonzalo aparece desde la parte de atrás, cerrando la cremallera de sus pantalones mientras le da un guiño.


—Hola, Paaauuuu. —Pasa su brazo alrededor de su cintura y la abraza.


Sostiene su cabeza en su pecho y cubre sus ojos con la mano. Entonces, dos chicas salen de la habitación de atrás y cuando él hace un gesto con la cabeza hacia la puerta, corretean hacia allí.


Me río, incluso él quiere protegerla. Las palabras “Deja un buen legado en un mundo de mal” suenan en mi cabeza. 


Aceptación, sin duda aceptación.


Lanzo una mirada asesina a Lucas, sabiendo que se lo dijo a Gonzalo y que es por eso que está actuando como un tonto.


—¿Gonzalo? —Oigo la voz de Pau amortiguada contra su pecho.


—Déjala ir. ¿Qué diablos estás tratando de hacer, asfixiarla? —Lucas empuja su hombro.


Él la suelta y retrocede.


—¿Estás bien?


—Estoy bien. —Nos mira a todos y luego a mí—. ¿Todo está bien?


Me acerco y tomo su mano.


—¿Cómo estuvo el trabajo?


Pedro, ¿qué está pasando? —pregunta, mirándonos con recelo.


—Creo que los chicos te extrañaron ayer por la noche. —Agarro sus caderas y la acerco a mí—. Yo te extrañé anoche.


Me inclino para darle un beso, y sus ojos se amplían.


Pedro, gente.


—Me importa una mierda.


—Esto es el trabajo.


—No, esta es familia. —Me inclino y beso sus labios. Se congela—. ¿Pau? —digo contra su boca.


—¿Sí?


—Me estás haciendo quedar como un tonto.



Siento sus labios subir y entonces me besa de regreso. 


Cuando doy un paso atrás, está sonriendo, aunque todavía se ve confundida.


—¿Fue tan malo anoche?


—Sí —contestamos los tres al mismo tiempo.


El resto de la noche está repleto de gente; como resultado, cada vez que tengo la oportunidad de salir de la cocina, lo hago.


Lucas y Gonzalo están manteniendo los refrigeradores surtidos y Pau está caminando con la cabeza bien alta, a pesar de que Sadi está aquí.


Sadi está en su salida, sin embargo. No estoy teniendo esta mierda con Pau.





CAPITULO 26 (PRIMERA HISTORIA)




Quiero hacer que sienta exactamente lo bueno que todo puede ser... con mi lengua.


Agarro sus caderas, empujando mis pulgares justo debajo de su cintura y espero a que el consentimiento sea jodidamente dado. Responde extendiendo la mano y acariciando mi erección.


Es jodidamente excitante.


Desabrocho su pantalón y se lo bajo poniéndome de rodillas.


—Coño de miel —digo mientras froto mi nariz a lo largo de sus bragas y las bajo, rasgándolas a propósito esta vez.


Sus manos van a la parte de atrás de mi cabeza, y gime mientras paso mi lengua sobre sus hinchados, calientes, pequeños labios rosados.


—Quítalas. —Tan pronto como lo dice, levanto su pierna izquierda sobre mi hombro, metiendo un dedo en su interior mientras hago círculos en su clítoris—. Me encanta tu lengua —gime mientras empuja su coño contra mi rostro.


—Mmm —replico mientras le doy lametazos.


—Oh, Dios —chilla—. Ya. Aún no. No… —Me alejo y luce conmocionada—. Te deseo.


—Has dicho que no…


Su mano empuña mi cabello y me empuja contra ella otra vez. Me río mientras chupo sus labios.


—Sí, sí, ¡e-e-espera! —Se aleja y, joder, ahora sé que está loca.


—Pau, vamos, nena. He tenido un AP durante toda la semana —me quejo. Me mira como si fuera yo el que está loco—. ¿AP? Qué borrachos…


—Sé lo que dijiste, pero...


—A de abstinencia… —Agarro su cadera y le meto un dedo—. P de Pau.


Comienza a frotarse contra mi mano.


—Pensé que querías decir... —Hace una pausa—. Oh, Dios... 


—Hijo de puta. —Muevo mi dedo con más fuerza, más rápido, mientras extiendo mi otra mano y empujo mi dedo en su boca—. ¿Tienes habilidad?


Le toma un momento entender lo que estoy diciendo y luego sus ojos se amplían. Mientras se aleja, pienso en lo estúpido que he sido al mencionar esa mierda.


—Nena, ¿qué tal si olvidamos esa conversación, traes tu culo de vuelta aquí y te sientas en mi rostro?


En su lugar, se pone de rodillas, buscando a tientas mi cinturón. Joder, me va a mostrar su habilidad, y luego voy a morir como un feliz hijo de puta.


Empujo por mis rodillas y la ayudo a quitar mis vaqueros. 


Entonces, está sobre mi polla como uno que acaba de cumplir veintiún años está sobre la cerveza. Está loca y gime y acaricia… y de verdad, realmente, es mala en esto.


Su puto ritmo es erróneo, y estoy intentando como el infierno hacerla sentir en control y esa mierda, pero lo que realmente quiero hacer es empujar mi rostro de nuevo en ese coño y olvidar que esta mierda ha pasado, porque ningún hombre odia una mamada. Joder, ningún hombre jamás se quejaría de una, y nunca detendría a alguien de chupar mi polla, pero Pau, bueno, es jodidamente Pau.


Cierro mis ojos. Trataré verdadera y malditamente duro de olvidar que apesta al chuparme, porque, joder, me encanta esta chica y de verdad deseo mantenerla alrededor. Sin embargo, molestias son molestias, y nunca puedes pasar por alto algo como esto. Ella se encuentra fuera de control y no estoy perdiendo mi erección, joder no, no lo hago, pero tengo que ponerle fin a esto muy rápido.


Retrocedo.


—Pau, quiero tan desesperadamente tu coño en mi boca en este momento.


Y lo hago. Gracias, joder, que no ha cambiado.


Se endereza de rodillas e intento ponerla de espaldas.


—No. —Me detiene.


—¿Vas a sentarte en mi rostro? —Oh, infiernos, sí, pienso y me echo hacia atrás.


Se mueve encima de mí, como una vaquera a la inversa, y hundo mis dedos en sus caderas, arrastrando su coño arriba y abajo por mi rostro mientras se inclina y comienza a acariciarme. Entonces, se dobla más y me empieza a chupar de nuevo.


Mierda.


Estoy tratando de no flaquear y decido sólo centrarme en el dulce coño de Pau en lugar de en mi polla siendo raspada por sus dientes y esa mierda. Empiezo a chupar su clítoris y luego lamo sus labios antes de follarla lentamente con la lengua. Estoy sosteniendo sus caderas, arrastrándola lentamente por mi rostro cuando ella empieza a aminorar. No bromeo, está imitando mi velocidad y placer, y ahora, hijo de puta, Pau me está dando la mejor mamada que he tenido. 


Su lengua se mantiene plana sobre mi eje y empieza a chupar con perfecta presión. Mis bolas al instante se sienten en llamas y estoy condenadamente cerca de correrme.


Levanto sus caderas indicándole que se detenga, pero no lo hace.


—Pau —gimo—, a menos que quieras una boca llena de un cóctel Alfonso, tienes que parar. No lo hace—. No te lo voy a advertir de nuevo —gruño.


Simplemente me toma más profundo.


Así que la pongo de nuevo en mi rostro y se lo hago duro. A medida que comienza a temblar, mis bolas están en llamas y juro como la mierda que nos corremos al mismo tiempo. 


Entonces, mi Pau, mi loca y pequeña Pau, me mantiene profundo y traga.


Cuando termino, se da la vuelta sobre su lado y luego se sienta.


—Vaya —jadea.


—La mejor mamada nunca. —Es sólo la mitad de una mentira. La segunda vez fue cierta.


—¿En serio? —Se sonroja.


—Sí, Pau, eres increíble.


Sonríe y muerde su labio mientras se sonroja.


—Me gustas mucho.


—Me gustas mucho, también.


Nos miramos uno al otro en la lujuria pre-orgásmica, y sé muy bien que, aparte de mi familia, nunca en mi vida me ha gustado alguien tanto como me gusta Paula.


—Por favor, vuelve a nuestra casa y descansa un poco.


—Me gustaría pasar tiempo aquí contigo. —Hace un pequeño encogimiento de hombros.


—Bien…


—No, Pedro, realmente te extrañé toda la semana. —Hay tristeza en su voz.


—¿Qué tal si preparo algo para comer y lo refrigeramos hasta ir al asunto? —Me río—. Será como una cita.


—Nunca he estado en una.


—Yo tampoco.


CAPITULO 25 (PRIMERA HISTORIA)




La semana pasa, casi igual. Melancólico está de vuelta; sólo que ahora es el amo de la evitación ya que no hemos tenido tiempo a solas, excepto en las primeras horas de la mañana, cuando se desliza en la cama junto a mí y me atrae hacia él. 


Después de mis largos días en el hospital y de los turnos en el bar alcanzándome, estoy demasiado cansada para tratar de hablar con él en mitad de la noche.


Esta noche, sin embargo, no me puede evitar. La noche del jueves es la de las damas. Claro, hemos estado dando vueltas y vueltas sobre yo trabajando el jueves por la noche. 


No quiere que lo haga, pero iré. Añadan a la batalla mi animosidad hacia Sadi, y, sí, Melancólico, iré hacia ti esta noche.


Cambio mi ropa de trabajo por vaqueros y mi camiseta roja con escote favorita. Poniéndome mi mejor sujetador push up, agarro mis bragas “Eye of the Tiger” y me río. Cubriendo mi rostro mientras resoplo, trabajo en prepararme. Igual que Rocky se prepara para una pelea, me estoy poniendo a punto para ir round tras round con nada más y nada menos que Melancólico Alfonso.


Meneo mi trasero mientras dejo la casa de Pedro y voy al bar.


No llevo ni dos segundos en el interior del edificio antes de que su mirada se concentre en mí. Me pavoneo detrás de la barra como si fuese la dueña del lugar. Frotando mi trasero, mentalmente me preparo para entrar en el ring.


Desafío aceptado, Alfonso. Aquí vengo.


Sonrío dulcemente mientras empiezo a quitarme una capa de ropa. Retiro mi gorro, bufanda y guantes, y mi cremallera está por la mitad cuando Pedro de repente se encuentra delante de mí. Su mano cubre la mía, subiendo la cremallera mientras continúo intentando bajarla.


—Pau, ¿qué estás haciendo aquí?


—Trabajando —contesto con una sonrisa enorme, mi mano derecha atrapada bajo la suya alrededor de mi cremallera, mi mano izquierda sosteniendo mis pertenencias.


Froto mi trasero, recordándome mantenerme fuerte.


—Vete a casa, Pau.


—Parece que mi lugar es actualmente inhabitable. Por lo tanto, tengo que trabajar para poder encontrar un hogar más adecuado. —Me encuentro con su mirada, no dando marcha atrás.


—Tus condiciones de vida han estado bien esta semana, Pau. Tienes que trabajar mañana en el hospital y aquí. Vete a casa, alimenta a Floyd y descansa.


—¡Oh, no, no, señor! No conseguirás que me vaya para que puedas colarte en mi cama más tarde y seguir evitándome.


Me toma de la mano y me lleva a su oficina. Dándose la vuelta, se inclina contra su escritorio, poniéndome entre sus piernas. Sus manos descansan en mis caderas.


—No estoy evitándote.


—Umm —digo, alzando la mano para poner mi dedo en mi barbilla—. Qué fue lo que dijiste... que f-f-follamos. —Sonríe ante mi tartamudeo por la palabra—. El consentimiento fue dado. Ahora tengo trabajo que hacer y una deuda que pagar. Me estás evitando y no me gusta. —Me froto mi trasero para darme ánimo silencioso.


Me muevo para bajar mi cremallera de nuevo y su mano cubre otra vez la mía. La aparto, pero vuelve a reposar sobre mi cremallera, sin subirla ni bajarla.


—Joder, estás loca. En serio, malditamente loca.


—Háblame. Fuiste y tomaste decisiones por mí, y entonces sólo te alejaste de mí. —Parpadeo, tratando de mantenerme fuerte.


—Pau, no sé qué diablos estoy haciendo contigo.


—Eso es un comienzo. Tampoco sé lo que estoy haciendo conmigo la mitad del tiempo. —Me río de mi propia broma y se me escapa un resoplido, haciéndome bajar la mirada.


Toma mi barbilla para que lo mire.


—Maldita sea. —Me sonríe—. Pau, no soy el tipo de chico que tiene una relación.


—Nunca te pedí una, ¿verdad? —Mentalmente me doy un puñetazo por mi contestación.


—No usamos condón —afirma con toda claridad.


¿Es por eso que huye de mí? ¿Está preocupado por un embarazo no planeado? ¿Me mudó por una obligación equivocada? Las preguntas se arremolinan en mi cabeza.


¿Un bebé sería tan malo? Claro, no podría mantenerlo, pero, ¿alguien realmente puede estar preparado financieramente para un niño? Sé que Pedro es un buen hombre. Sé que no nos dejaría afuera en el frío, obviamente. Resisto la tentación de pasar mi mano sobre mi inexistente vientre. 


Tener un pequeño Alfonso no estaría mal.


—No, no lo hicimos. Somos dos adultos, sin embargo. 
Cuando llegue el momento de saber algo de una manera u otra, podremos hablar de ello. Bueno, eso es, si no me evitas para siempre. —Mis palabras están llenas de una mala actitud que no tenía planeada. Estoy molesta con su frialdad hacia mí desde nuestro percance.


—Pau, mira, me preocupo por ti.


Lo observo sin decir nada por un momento. Este es el fin…


—Guárdatelo. No hay necesidad de que me des el discurso “no eres tú, soy yo”. Esa es una salida fácil, y ambos lo sabemos.


Alza las manos y ahueca mi rostro, acercándome a él, besándome. Nuestros dientes chocan mientras la pasión estalla entre nosotros. Cuando se retira, me quedo sin aliento.


—¿Se siente como una salida fácil? Pau, no sé cómo hacer todo esto. Concédeme algo de paciencia y comprensión. Entraste en mi mundo y todo cambió. No puedo dejar de pensar en ti.


Me muerdo el labio, tratando de no sonreír.


—Haces que todo se sienta bien, Pedro. Contigo, siento que todo es como debe ser, que todo va a estar bien, después de todo.





CAPITULO 24 (PRIMERA HISTORIA)





Odio que vaya a ver el lugar donde vivo. Quiero decir, no se trata de un agujero en la pared, pero tampoco es como su casa. Aunque supongo que no tengo nada de qué avergonzarme. Es mío y estoy manteniéndome sola.


Froto mi trasero y nada. Llevo sus pantalones de chándal.


La sensación de la tela contra mi piel expuesta es un recordatorio de cuan fuera de control me pongo en lo que a Pedro Alfonso se refiere. Nunca antes he estado tan ansiosa y libre al tener sexo con nadie. Llevo desde la adolescencia intentando encontrar la manera de sentirme cómoda en mi propia piel.


Brian era un adolescente. Yo era una joven chica adolescente. Ninguno de los dos éramos lo suficiente mayores o lo bastante maduros para tratar con nuestras hormonas, mucho menos con lo que hacía en mi dormitorio aquellas noches. No fue hasta que encontré el sitio web para ordenar mis bragas de fortalecimiento que pude comenzar a sentirme bien acerca de mis propios deseos extraños cuando él me tocaba.


Claro, no se lo pedí. Sí, diría que no, aunque fuera en un susurro detrás de la cubierta de mi camisa. Mi cabeza estaba siempre tapada. Él no tenía que mirar mi rostro y yo no tenía que preocuparme por mi propia vergüenza mientras mi cuerpo reaccionaba. Le dije que no, pero no peleé. No me resistí. No fui una participante activa, pero sentí. Sentí todo.


Deambulando para encontrar el armario de ropa, siento el dolor entre mis piernas, un recordatorio de mis actividades con Pedro. Lo sentí, también. Sentí todo, y se sintió bien, muy bien. Sonrío.


Dice que es un dar y recibir entre nosotros. Si sólo pudiera entenderlo, me está dando más de lo que nadie ha hecho. 


Me está permitiendo reclamar mi cuerpo, mi sexualidad. Me permite reclamarme. Pedro Alfonso, el señor Melancólico, me devolvió un pedazo de mí que se perdió hace mucho tiempo.


Sigo sonriendo mientras encuentro el armario de ropa para cambiar las sábanas de la cama. Al deshacer su cama, no puedo evitar levantar las sábanas hacia mi rostro e inhalar. El olor es una mezcla de él, de mí y de sexo. Es embriagador, travieso y me excita de nuevo.


Una hora más tarde, la puerta se abre mientras estoy limpiando la cocina. Observo a Pedro caminar con dos grandes cajas y con Lucas detrás de él, llevando dos enormes bolsas de basura.


—¿Qué está pasando? —pregunto, tomando una de las cajas para aliviar su carga.


—No vas volver allí —dice Pedro mientras coloca una caja abajo y comienza a dirigirse a la puerta. Melancólico está de vuelta en plena vigencia.


Lucas me mira, guiña un ojo, se encoge de hombros, y luego coloca las bolsas en el suelo.


—Espera, ¿éstas son mis cosas? —jadeo.


Pedro se detiene, mientras Lucas pasa junto a él y baja las escaleras. Pedro se da la vuelta y me mira. Sus labios son una línea recta mientras mira fijamente hacia mí.


—¿Pedro?


—Te quedarás aquí hasta que te encontremos un lugar que sea…


—Espera, espera, detente allí mismo.


—Pau, le di un golpe a tu puerta y la maldita cosa se abrió. El pasillo huele a desechos de animales y humanos, y tu apartamento apesta a lejía, entonces sé que lo intentas, pero nadie más lo hace. Pisé a una cucaracha mientras trataba llevar tu sofá a la maldita puerta.


—Está bien.


—No, no está bien —dice con brusquedad y mueve su mano alrededor del espacio—. Esto está bien. Ese lugar... —Comienza a pasearse—. Hay una grieta en el pasillo, la pasé. Cuando entré, había una inundación en la planta a causa de tuberías reventadas. La ropa en la bolsa está empapada. Sabes qué, no importa. Tengo un montón de espacio aquí. Te quedarás, o puedes llamar a una amiga, pero que me jodan si la chica con la que compartí mi cama anoche vive así.


—Estás hiriendo mis sentimientos. —Sé que voy a llorar. 


Siento la quemadura de las lágrimas crecer.


—Nena, no estoy tratando de hacer eso, ¿de acuerdo?


—¿Cómo se ve la casa de Sadi, como un palacio? —Mi voz falla al final de mi pregunta, rompiéndose.


—Me importa una mierda si es vecina del hijo de puta que vende crack en tu edificio justo en el pasillo, justo afuera de su puerta. Ella no es tú —espeta.


Empiezo a hablar, pero alza su mano, deteniéndome.


—Voy a ayudarte a empezar de nuevo. Puedes tener cualquier habitación aquí, excepto la de Lu. Entrarás y saldrás cuando quieras, y puedes cocinar o alguna mierda por el alquiler, pero no te permitiré vivir de esa manera, Pau. Puedo ver mi maldito aliento en tu casa. Ahora ve a traer el resto de tu mierda. Elige una habitación y desempaca, y yo iré a trabajar. El lugar es tuyo. Tu auto está en el garaje, la llave de repuesto para este lugar ya está en el llavero. 
Tienes el control aquí, muchacha. También está caliente y puedes tomar un maldito baño de tres horas si quieres.


—Dijiste que no tuviste que entrar.


—Voy a entrar. Te quedarás aquí y te instalarás. Cuando encuentres un lugar, tengo muebles. Tu mierda está arruinada. —Sin otra palabra, se va.


Estoy en control. Me concedió eso. De acuerdo, dar y tomar, pienso.


La habitación en la que he dormido está bien para mí. Abro una de las cajas que trajeron y comienzo a sacar mis cosas. Saco mis bragas y miro el primer par. “Impredecible”. Sí, voy a ser impredecible.


Me río de mí misma mientras me pongo mi propia ropa. Una vez vestida, comienzo a clasificar lo que puede ser salvado del daño del agua. Cuando tengo todo lo que puedo en una pila, empiezo a añadir mis cosas en su espacio personal. 


Estoy segura de que no esperará encontrar mi ropa interior al lado de sus calcetines cuando llegue a casa. No pude hallar un cajón con su ropa interior, por lo que el de los calcetines tendrá que ser suficiente.


Froto mi trasero y sonrío. Si me va a hacer empacar sin discusión y después desaparecer, puede lidiar conmigo instalándome.


Floyd me sigue cuando pongo mis toques simples por todo el espacio de Pedro. Su cabeza se inclina hacia un lado, como si quisiera negar en señal de desaprobación mientras saco mis películas y las alineo en su centro de entretenimiento.


Claro, sé que estaré empacando todo esto y mudándome pronto, pero tomó esta decisión sin mí, así que tengo la intención de mostrarle cómo sería realmente tenerme aquí todo el tiempo. La próxima vez, me consultará antes de poner mi vida al revés.


Reflexiono sobre ese pensamiento. ¿Realmente volteó mi vida al revés, o las cosas finalmente están enderezándose desde que Pedro entró en mi mundo?


Esta es la primera vez que he sentido algo bueno en mi vida con un hombre. Pedro hace que todo se sienta bien.


A medida que las horas pasan, mi sonrisa se desvanece. La inseguridad se cuela mientras Pedro permanece lejos.


Sabiendo que tengo que trabajar en el hospital en la mañana, me subo a la cama y dejo que el agotamiento de mi vida me alcance.



***


Oscuridad. La única luz proviene de la alarma de un pequeño reloj en la mesita de noche. Su mesita de noche. 


Son casi las tres de la mañana, estoy en la cama de Pedro, de repente despierto.


Hay movimiento en la oscuridad por toda la habitación, pero no me muevo. Me quedo sobre mi lado, frente a la pared alejada de la puerta.


La cama se hunde detrás de mí, tira de la manta y, luego, Pedro me acerca rápidamente a él. Su olor me envuelve, me tranquiliza y me consume. No digo nada, no dice nada y, pronto, estoy profundamente dormida de nuevo.