HISTORIA DE Chelsea Camaron y MJ FIELDS
LENGUAJE ADULTO
sábado, 17 de septiembre de 2016
CAPITULO 12 (PRIMERA HISTORIA)
Pau es un poco diferente a las otras camareras que he contratado. Cuando apareció una hora más temprano con una maldita bolsa de lona, con un bloc de notas y pluma, debería haberle dicho que se diera la vuelta y se fuera. Dijo que era una estudiante rápida, pero no había nada rápido acerca de tratar de enseñarle a alguien cómo dar una cuenta sin problemas o hacer una pausa cuando sostenía la pluma mientras anotaba la respuesta a una sencilla pregunta.
La caja registradora de mierda era ridícula. Quiero decir, la nuestra es antigua, pero no es tan difícil. La cerveza de grifo cuesta dos dólares, las botellas Miller Lite tres, y los tragos, cada uno de los que realmente vendes, dos dólares.
Tenemos maní y palomitas de maíz que van en la barra gratis, en las noches no servimos comida. Le mostré cómo utilizar la máquina de palomitas de maíz, y escribió paso a paso las instrucciones para eso, también.
Cuando se quitó esas capas para exponer las altas botas negras hasta la rodilla y media camisa negra, estaba en shock. Cuando me miró dejando de jugar nerviosamente con esa camisa, tratando de tirar de ella hacia abajo, me di cuenta de que tenía maquillaje, y no voy a mentir, me puso un poco duro.
Hay una inocencia en ella que me grita que la proteja. Hay más oculto detrás de esos ojos, y no puedo evitar estar intrigado. Ella lame sus labios y lo único que quiero es que lama mi pene.
Unas horas más tarde, veo a Julian por el rabillo de mi ojo.
—Hola forastero —digo dándole el primero de sus cuatro juegos. Julian no es ajeno. Viene cinco noches a la semana después de trabajar su segundo turno, ordena la misma maldita cosa, y luego se va zumbando—. ¿Cuál es la diferencia entre tu trabajo y una prostituta muerta?
Él toma un trago y se encoge de hombros.
—Tu trabajo sigue siendo una mierda. —Sonrío.
—¿Oh, sí? ¿Cómo dejas a una monja embarazada?
—No tengo idea. —Me río mientras le sirvo el único trago que va a pedir.
—Su vestido es como el de un monaguillo.
Mi broma fue mejor, pero me río.
—Me atrapaste ahí, hombre.
—¿Quién es la nueva falda? —Asiente hacia Pau.
—Esa es Paula. Está probando las aguas aquí.
—No bebas agua, Paula. La cerveza está mejor —le grita.
Cuando miro hacia atrás, ella está sonrojada.
—Sí, señor.
—¿Acaba de llamarme señor? —La risa sale de Julian a través de la barra—. Maldita sea, Alfonso, ella es una ganadora.
Me río un poco y me vuelvo a Paula quien está limpiando.
—Puedes irte. Yo haré el resto.
Ella sonríe.
—Espero haberlo hecho bien.
—Lo hiciste muy bien.
—Me di cuenta de que pareces conocer realmente a esas personas que vinieron hoy.
—Sí. —Agarro el trapeador de la barra y la arrastro al otro lado de la barra, de nuevo—. Este lugar es como un segundo hogar para ellos, igual que para mí, así que muchos son como de la familia.
—Ya veo. —Asiente mientras una pequeña sonrisa juega en esos labios carnosos, naturalmente—. Está bien, hasta mañana.
Me siento un momento, preguntándome por qué demonios no dijo que no. Quiero decir, ella no puede atender un bar para salvar su vida. Arrugó el noventa por ciento de las órdenes, sirvió tragos en exceso, tomó malditas notas de cada corrección que le di, y mojó a Julian, un habitual, cuando tropezó con la estera de la barra con su cuenta.
Decidiendo no pensar demasiado, me sacudo y sigo limpiando.
Después de que los últimos clientes se van, meto el cajón de dinero en efectivo en la caja fuerte y la cierro. Ha sido un largo, extraño día. Estoy dejando que algunos traseros locos, que no saben una mierda sobre servir, sigan trabajando para mí, aunque estoy muy seguro de que ella me costó más de lo que hizo. Me gusta observarla frotar su trasero, sin embargo. No puedo dejar de pensar al respecto, incluso si lo intento.
Después de cerrar la puerta de atrás, tiro la basura y tomo una respiración profunda fría antes de llegar a mi Chevy y encender el motor. Maldición, suena bien.
Me siento y soplo en mis manos, esperando darles un minuto para calentarse, con un poco de juegos previos. No quiero sorprenderla. Saco mis guantes del bolsillo de mi chaqueta y los pongo sobre el volante mientras espero.
Saliendo del callejón y a la calle, giro a la izquierda para volver a casa. A dos cuadras por el camino, veo algo que no se ve normalmente a las tres de la mañana en estas partes: a una mujer caminando por la calle sola.
Me detengo cuando paso, pensando que puede ser alguien que conozca. Bajo y he aquí que como la mierda es ella.
Cuando Pau se frota trasero, sé a ciencia cierta que es ella.
Antes incluso de hacer la pregunta de por qué está caminando, por qué me detuve, o por qué siquiera me importa, arranco el auto, haciendo una U y después, tiro al lado de ella.
Mientras bajo la ventana, ella toma su ritmo, caminando rápido.
—Paula, ¿quieres un paseo?
Ella deja escapar un suspiro, visiblemente relajada, mientras se vuelve hacia mí.
—Estoy bien gracias.
—Pau, mete tu trasero en este auto antes de que te asalten o algo así.
—No estoy lejos y…
—Ahora —le grito, haciéndola saltar. No quería asustarla, pero joder si voy a dejar que uno de los míos camine a casa por la noche.
Rápidamente rodea el auto y salta dentro. Sus dientes están rechinando mientras mueve sus manos hasta la rejilla de ventilación del calentador.
—No está caliente aún. —Me quito mis guantes y se los entrego.
—Gracias —responde mientras los toma y mete las manos en el interior—. Oh Dios, se sienten bien.
Mierda. La peculiar, pequeña Pau tiene cosas revolviéndose dentro de mí con su lamento y el Oh, Dios. Mi pene da espasmos con el gemido cuando me imagino sus gemidos con su boca envuelta alrededor de mí, chupándome. Me vuelve jodidamente loco.
—¿Dirección? —Ella se sacude. Inmediatamente me siento molesto—. Mira, chica, ¿vives a seis cuadras de distancia, y estabas caminando a tu casa con esta temperatura, tan tarde en la noche?
—Sí —responde ella, frotando sus mejillas con mis guantes.
Me obligo a mirar hacia otro lado. Estoy viendo una porno en mi cabeza que empezó esto, luego ella se toca a sí misma en otros lugares, seguido de yo reventando a la pequeña idiota. Tengo que sacudir el pensamiento de mi mente.
No me gusta esta mierda. No me fijo en una chica. Esto me confunde como el infierno y por eso estoy tan atraído y jodidamente loco por Pau. No quiero simplemente acostarme con alguien ya. Ahora que mi mamá se fue todo es diferente.
Me he sentido muerto por dentro hasta que vino la estrafalaria Pau. Antes, sólo estaba acostándome, porque, seamos sinceros, ellas me querían joder, también.
Una vez que tiro en su calle y hago otro cambio de sentido, pasamos mi casa y vamos al norte.
—¿Acabas de mudarte aquí? —Trato de hacer una pequeña charla.
—Fui a la universidad aquí.
—¿Qué hace un chica universitaria trabajando en mi bar? —pregunto, manteniendo mis ojos en la carretera.
—Bueno —duda—, necesito dinero.
Tengo que reírme. Todas aquellas personas predicando: “obtén un título universitario” y aquí tengo a una graduada universitaria trabajando en mi lugar.
—¿Terminaste tu carrera?
—Sí, soy trabajadora social —contesta, estableciéndose finalmente y acomodándose de nuevo en el asiento.
—¿No te pagan lo suficiente para un auto?
—Tengo auto. —No da más detalles.
—Pero, ¿te gusta vivir al límite y caminar por las calles de Detroit solo cuando está casi congelado? ¿Qué eres, un pingüino adicto a la adrenalina?
Ella se ríe y niega.
—Está descompuesto en este momento.
—¿Qué hay de malo con él?
—No estoy segura —dice, mirando hacia abajo.
—¿Cuál es tu opinión mecánica de qué está mal?
—Umm, no estoy segura.
Bueno, algo hay con esta chica. No contesta preguntas. No parece saber o importarle lo que está pasando a su alrededor. Cambia su comportamiento. Es evasiva. Actúa perdida o confundida. No la entiendo.
Sé que es inteligente, pero puedo sentir que hay una lucha dentro de ella con responder preguntas. Marcha al ritmo de su propio tambor. A la mierda. Tal vez está jodidamente loca... loca podría ser divertido. Me planteo ese pensamiento lo suficiente como para sentir la incomodidad de la mezclilla frotando mi pene. Bueno, sería divertido si no trabajara para mí.
—¿Te importaría explicarte?
—En realidad no —responde ella con suavidad.
—Paula, déjame hacerte otra pregunta.
—Adelante —responde secamente mientras mira por la ventana.
—¿Estás jodidamente loca? —Es una pregunta seria. Ella se ríe de nuevo y niega—. Quiero decir, hemos establecido que no eres adicta a la adrenalina como un pingüino. Dices que no estás loca, pero caminas seis cuadras sin guantes cubriendo tus manos, y tienes un auto averiado que no funciona, pero no tienes ni idea de lo que está mal con él.
Miro por el rabillo de mi ojo para ver que está sonriendo.
Bueno, infiernos, tal vez está jodidamente loca.
—Puedo darle una mirada.
—Umm.
—Sé de autos, Paula. Reconstruí éste yo mismo.
—Es sólo que... —Ella hace una pausa.
—¿Sólo qué?
—Hice que lo remolcaran —exclama.
Me estaciono en frente de su edificio, deteniéndome y luego poniendo el auto en el estacionamiento antes de girar hacia ella. Su rostro es de color rojo, ya sea de vergüenza o de pena mientras toma una respiración profunda.
—Fue incautado, y utilicé todo el dinero que tenía para lograr que fuera remolcado al estacionamiento de mi edificio. Por lo tanto, no tengo el dinero para que lo arreglen todavía. Es por eso que solicité la posición de coctelera. Voy a averiguarlo. Es sólo que me va a tomar un poco de tiempo.
—Puedo verlo.
—No te estoy pidiendo limosna. —Me mira, frunciendo el ceño un poco—. Sólo una oportunidad de hacer el dinero que necesito para ponerme al día.
Miro hacia ella, un poco caído. Ella es una pequeña trabajadora. Loca como un maldito murciélago, pero en un mundo lleno de cabrones titulados, Paula es un soplo de aire fresco. No sólo es eso, es atractiva como el infierno.
Su piel pálida contrasta con los profundos rizos marrones de su cabello. Sus curvas son más pequeñas de lo que estoy acostumbrado, pero igual que un reloj de arena no me importaría que se inclinara una y otra vez sacudiéndose de una pequeña manera menos invasiva de la que estoy acostumbrado.
—No voy a permitir que camines a casa desde mi bar.
—Voy a tomar un taxi. —A medida que sus ojos se estrechan, puedo ver las agitadas ruedas en su cabeza.
—Te daré un paseo.
Sus rasgos lentamente comienzan a ablandarse.
—Te pagaré por la gasolina.
No acepto.
—Las noches de los martes son lentas. Los jueves por la noche no son lugares para una dama detrás de la barra; Creo que viste por qué.
—Es la noche de damas. —Sonríe y mira hacia abajo de nuevo, ocultando su rostro de mí.
—¿Viste a alguna dama allí esta noche? —Me río.
—Hice cincuenta dólares. —Está negociando conmigo.
—El viernes por la noche, puedes hacer tres veces más en propinas. El sábado, cuando tenemos entretenimiento, cuatro o cinco veces más que eso.
—¡Calla!
Mierda, no he oído su voz alta antes o visto su rostro ponerse brillante como el infierno con una sonrisa como la que tiene ahora. Me hace congelarme por un latido.
—¿Quieres renunciar a los jueves por la noche por el viernes y el sábado?— No puedo evitar sonreír a mi vez. Tampoco puedo creer que le esté dando mis noches más concurridas cuando esta noche estuvo lejos de ser lista. Infiernos, supongo que es porque no me importaría ver su sonrisa más a menudo. Se siente bien.
—Y el martes..
Mi mandíbula baja un poco.
—¿Tres noches además de un trabajo de tiempo completo? ¿Qué dirá tu novio?
Ella mira hacia abajo una vez más y niega.
—No tengo tiempo para chicos.
Buena respuesta, Paula, pienso para mí mismo.
—Pero puedo conocer a alguien ahora ya que trabajo para ti.
—No, en el trabajo no lo podrás hacer —le respondo más molesto de lo que pretendía. Me digo que no quiero verla llegarle a alguien porque ver a la loca Pau quemarse me podría hacer enojar. En realidad, estoy pensando que podría ser algo más.
Ella me mira y asiente rápidamente.
—Por supuesto que no.
viernes, 16 de septiembre de 2016
CAPITULO 11 (PRIMERA HISTORIA)
El jueves por la noche llega con demasiada rapidez. No sé por qué la gente dice que tiene mariposas en la barriga mientras sus nervios hacen cosquillas ligeramente. No, yo tengo pájaros en mi vientre, cosas pesadas picoteando en mi interior que piden ser libres. Creo con certeza que voy a vomitar.
Entro a Hooligans lista para dar vuelta y mover el perno de la congelada noche de Detroit.
¿En qué me metí? El lugar está lleno de pared a pared con personas saliendo en línea por la puerta y apenas está abriendo.
Sabiendo que tengo que hacer esto voy a través del caos y hasta la barra. La vista delante de mí debe ser de una película. Los tres chicos que conocí el otro día están de pie detrás de la barra donde sirven bebidas.
El tipo resbaloso lleva un buen par de pantalones de vestir con camisa blanca de botones desabrochada hasta la mitad del estómago dejando al descubierto un pecho cincelado y dos principales músculos abdominales definidos con claridad. Las mangas enrolladas hasta el codo muestran sus antebrazos doblándose con cada movimiento que hace. Su cabello es rico y está peinado a la perfección.
Los dos más silenciosos se destacan a cada lado del señor Resbaloso. Uno tiene una camiseta negra y jean. Sus brazos son claramente firmes hasta sus manos. Mi mente corre maravillándose con lo que significa cada tatuaje. Al ver los tatuajes en sus manos mi mente se remonta a la noche en el armario. Recuerdo vagamente al hombre misterioso con tatuajes en sus manos. Su cabello oscuro está erizado y sus rasgos faciales son duros, incluso en la oscuridad del bar.
El más joven de los tres es el más alejado con pantalón de vestir y camiseta se ve casi pintado que por cierto no esconde su abdomen claramente cortado de músculos.
Todos han estado bebiendo agua llena de atractivo, eso es obvio.
—Vamos, cariño el bar está lleno. Vuelve aquí y ven al trabajo cosa dulce —ordena Resbaloso con un guiño hacia mí.
El chico Melancólico me da un movimiento de cabeza mientras que el Deportivo sonríe y continúa sirviendo bebidas.
—Tengo que ir al baño. Ya vuelvo —les informo pero sale apenas como un susurro.
Después de ir a través de la multitud uso el baño y luego miro el espejo y endurezco mi resolución de atravesar esta noche. Volviendo y tímidamente dando un paso detrás de la barra, empiezo a eliminar las muchas capas de ropa que tengo puestas.
Una vez que guardo mis cosas en el único espacio abierto que pude encontrar, me dirijo a los chicos para probar y obtener algún tipo de instrucción.
Me vestí con pantalones vaqueros, una camisa de color negro con únicamente un sujetador debajo, un cinturón negro, mis botas altas negras favoritas y mi cabello está agarrado con lo que cualquiera en Jersey estaría orgulloso.
Mi maquillaje es ojos ahumados y labios con brillo para un puchero perfeccionado... bueno eso es lo que el paquete prometía.
El chico Melancólico gruñe hacia mí con lo que considero desaprobación antes de comenzar a señalar y hablar pero el ruido a mi alrededor hace difícil escuchar. Su temperamento hace que sea obvio que no es uno que repite lo dicho tampoco.
Oigo a Antonia gritar mi nombre mientras ella y Tamara llegan como prometieron. Les hago un saludo rápido en reconocimiento a medida que se acomodan al final
de la barra. Está demasiado lleno de gente para darles mucho tiempo y no quiero echar a perder esto.
El chico Melancólico sigue hablando y siento que ya me estoy quedando atrás.
Con miedo de haberme perdido algo importante saco una pequeña libreta y una pluma de mi bolsillo trasero. Estoy tratando de tomar notas mientras el bar se pone más ruidoso con gente impaciente golpeando la encimera queriendo que le sirvan.
—¿Nombre, cariño? —me pregunta Resbaloso—. ¿Cómo te llamas?
—Paula, pero mis amigos me llaman Pau.
Me dijeron que llegara a las ocho y me aseguré de llegar temprano, sin embargo, está tan lleno que no puedo mantener el ritmo. Esta debe ser otra broma cruel conmigo.
Ja-ja-ja Pau no podrá hacerlo.
Froto mi trasero para recordarme a mí misma de mis bragas “Soy una estrella de rock”.
La primera hora pasa en una falta de definición de contratiempos. Luego, a las nueve y media la canción cambia y de repente las mujeres están gritando como si fueran adolescentes en un concierto con una banda de chicos. Me doy la vuelta para ver a Resbaloso subido en la barra.
Sus pantalones de vestir se adaptan a su trasero que estoy segura que podría rebotar en un cuarto. La camisa blanca de botones está apretada en sus brazos la tela estirada al máximo con cada movimiento que hace. Su espalda da a la multitud mientras saca su camisa de sus pantalones y desabrocha los últimos pocos botones. Luego, se mueve con el ritmo mientras desliza su camisa por sus hombros.
No puedo hacer nada con el espectáculo. Incapaz de moverme, incapaz de pensar, miro mientras apunta a Melancólico y Deportivo para que se unan a la diversión.
Pronto son como los tres mosqueteros en el bar. No es extraño que la señal en la ventana dijera que esta era una noche de damas.
Deportivo está al lado empezando a bailar y a quitarse la ropa. Tengo que dárselo a estos chicos seguro que saben cómo moverse. Leí un artículo en una revista una vez que decía que si un hombre podía bailar era bueno en el dormitorio también. Todo era cuestión de ritmo o algo así.
Está oscuro y es difícil para mí ver todos los tatuajes que cubren a estos chicos mientras cada uno de ellos se destaca sobre todo desnudos en el bar pero ninguno tiene deficiencia en el departamento de las miradas.
A medida que avanzan juntos pero no del todo en una rutina me golpea. Oh Dios mío, ¡es igual que en la película! Puede que no hayan sido exhibicionistas lanzando una botella pero encontraron su nicho de baile en el bar.
¿En qué me metí?
CAPITULO 10 (PRIMERA HISTORIA)
Los bares significaban propinas. Propinas significaban pago inmediato. Si me presentaba la noche del jueves y trabajaba, tendría propinas. Si lo hacía bien —si hago este trabajo—, podría pagar mi factura de agua el viernes y evitar la desconexión.
Puedo hacer esto. Haré esto. ¿Qué otra opción tengo?
Fui a cinco lugares y llené solicitudes y sólo Hooligans, eso es lo que el cartel decía que se llamaba, me dio una oportunidad. El lugar ha estado en obra, así que, no estoy segura de si todavía se llamará de esa manera o no.
Sinceramente no me importa cómo tenga que llamarlo.
Después de que el chico con apariencia resbalosa con saco accedió a dejarme trabajar sólo el jueves por la noche —prácticamente salí corriendo del edificio— con miedo de que fuera una broma o que cambiaran de opinión.
Oh Dios no dejes que esto sea una broma. No puedo permitirme no pagar eso. Es sólo una solución temporal a mis problemas pero es lo que puedo conseguirme.
Una vez en casa me arrodillo delante de mi mueble de entretenimiento y abro el cajón donde mantengo mis películas. El cable es un lujo, uno que no puedo pagar, así que veo películas.
Comenzando con Roadhouse, empiezo mi propia versión de entrenamiento. Ciertamente puedo aprender algunos consejos de Hollywood. Roadhouse es seguida de Cocktail mientras mi maratón continúa.
Cuando la película termina, estoy más que intimidada en lo que me estoy metiendo. Froto mi mano sobre mi trasero “trazando las letras a ciegas” y me recuerdo a mí misma sobre la ropa interior que uso hoy de las chicas súper poderosas. Tonto, lo sé.
Sin embargo, desde que era una niña y mi mamá me compró bragas con los días de la semana, he tenido una pequeña obsesión con las bragas que tienen dichos.
Llámenlo inspiración encubierta.
Victoria tiene sus propios secretos, después de todo.
Volviendo a mi centro de entretenimiento mis dedos se extienden sobre las cajas de películas. Una por una las repaso hasta que mis manos se posan en una. Coyote Ugly.
¡Perfecta!
Las horas pasan mientras veo la película una y otra vez, haciendo una pausa y perfeccionando mi propia versión de baile. Al final de la noche no sé si me siento completamente abrumada por mi nuevo trabajo o como una gatita sexual con esteroides. Este baile en la barra es caliente. Bueno, será atractivo en cuanto pueda arreglármelas para bailar y no caer.
La gracia no ha sido nunca una palabra usada para describirme. Hubiera sido más votada probablemente por caer fuera del escenario en el baile de graduación de mi secundaria.
Las cuentas están llegando a pesar de mi bienestar físico, sin embargo. Sólo tengo un día para prepararme y no es algo que pueda estropear. Dormir puede esperar a cuando esté muerta.
***
Yendo a la cafetera después de que me caliento un poco reprimo un gruñido mientras trato de conseguir algo caliente dentro de mí.
—Chica, ¿qué demonios te pasa? ¿Por qué estás cojeando?
—Estoy adolorida. ¿Quién sabía que bailar utilizaba tantos músculos? —Me desperté con dolor en lugares en los que no sabían que era posible tener dolor. Añadan mi caminata al trabajo y decir que mis muslos estaban quemándose sería una subestimación.
Ella se ríe a carcajadas de mí mientras se sienta en la silla de mi escritorio.
—Tengo que escuchar esto. ¿Por qué estabas bailando? —Hace una pausa y luego sus ojos se hacen grandes—. ¡No, no, no! Oh no, no lo hiciste. Por favor dime que no te desnudarás para pagar por tu auto.
Mis ojos deben ser tan grandes como platos. El pensamiento nunca cruzó por mi mente. Después de todo lo que he atravesado estoy lejos de estar cómoda en mi propia piel. De ninguna manera podría quitarme la ropa delante de extraños.
Ni siquiera sé si puedo mostrar mi estómago como en las películas. Además, las strippers son preciosas. Tienen cuerpos bien tonificados y más que eso, tienen gracia. Si tratara de bailar en un poste sin duda me caería de cabeza.
—Claro que no, no me desnudaré. Tengo un trabajo a tiempo parcial en Hooligans. De hecho, necesito un favor. Se supone que debo llevar amigas la noche del jueves, eso es lo que dijo uno de los chicos. Por favor, por favor, por favor ven y pasa el rato. Necesito este trabajo y necesito la comodidad de mis amigas.
—Tamy y yo estaremos allí. Sabes que te respaldamos chica.
Menos mal. Lleva algunas amigas, casilla marcada como hecho. Ahora, aparecer funciona para mi trasero, recibir algunas propinas y aterrizar en el trabajo.
Me froto el trasero recordándome que las bragas de hoy dicen: ‘Tienes esto. Ahora dale duro.'
Tengo esto.
Le daré duro a esto.
7 es una película de acción de 1989 protagonizada por Patrick Swayze y Sam Elliott en el papel de dos gorilas de un bar de carretera
CAPITULO 9 (PRIMERA HISTORIA)
Estoy de pie delante del bar con un martillo en la mano cuando Lucas entra.
—¿Qué demonios estás haciendo? —Sale de su Dodge Charger y camina hacia mí.
—Sacando las ventanas de la fachada y las paredes.
—¿Las paredes? —pregunta, agarrando el martillo—. ¿Sabes cuántas veces puse estas perras de vuelta?
Me río y asiento.
—Se han roto un par de veces, ¿no? —Antes de que tenga tiempo de decir más, él balancea el martillo, y luego el vidrio roto sale volando.
—¡Mierda!
—Jesús, Lucas, ¡ponte unas putas gafas de seguridad!
—Esas cosas son para los cobardes. —Balancea de nuevo y golpea la pared.
Me dirijo a la camioneta y agarro dos pares de gafas de seguridad y otro mazo. Le entrego las gafas, y pone los ojos en blanco.
Después de pasar un par de horas liberando una tonelada de frustración de mierda, el frente del bar está demolido.
Tomamos la carretilla luego llevamos los escombros al contenedor de atrás.
—¿Qué demonios te poseyó para hacer esta mierda ahora? Es febrero, hombre.
—Terminé el segundo piso de madera el domingo pasado y el lunes. La barandilla está arriba. El lugar parece jodidamente lujoso. Pondré una puerta de garaje en la parte delantera. Cuando estemos abiertos y haga calor, podrá subirse. Cuando estemos cerrados, ningún hijo de puta romperá una ventana, eso es seguro.
—¿Una puerta de garaje? —Se ríe de mí.
—Piensa en eso, hombre. Es malditamente perfecto. —Doy un paso atrás y miro el enorme agujero en el frente de mi casa—. Luce bien.
—¿Estás completamente loco?
—No, creo que es una de las fiestas privadas que podemos tener. —Le sonrío—. ¿Cartas el lunes en la noche?
—No, mierda. A Gonzalo le encantará eso. —Lo está entendiendo ahora.
—Su trasero puede ganar en cualquier otro lugar donde juegue, pero no aquí. Sabemos lo que dice. —Me río.
—Seguro que lo hacemos.
***
En las ciudades, usan esas puertas delanteras de escaparates, pero no estoy tratando de hacer que se vea como un capó más de lo que ya se ve. Seguro que no quiero mantenerla para sustituir las ventanas, sin embargo.
A la derecha hay otra puerta de entrada, permitiendo el acceso cuando la gran puerta esté abajo como la mierda de Gobierno requiere.
Me río de mí y siento una mierda moverse un poco en mi pantalón. Risitas fue una pieza caliente de trasero, y por alguna razón, no puedo sacarla de mi cabeza.
Trato de quitármela de encima y decido que estoy seguro que tendré una señal que diga: “El Gobierno requiere esta mierda” cuando por fin consiga una que diga, “La Sumergida de Alfonso”, para reemplazar la señal Hooligans de mi papá.
***
—Bueno, ahí está. ¿Nueva apariencia?
Lo juro, ninguno de los tres nos parecemos, pero pensarías que Mamá se acostó con el repartidor cuando tuvo a Gonzalo. Lucas y yo podemos pasar por hermanos, más por la base del color de ojos que por cualquier otra cosa.
Gonzalo, sin embargo, tiene ojos azules. Se viste malditamente como un niño bonito de la parte alta, también.
—Botín obligatorio —dice cuando nos reventamos el trasero al respecto.
—¿Estarás en casa por un tiempo más largo de lo esperado? —La elección de carrera de Gonzalo le da horarios flexibles y como él dice “beneficios de viaje”.
Se quita la chaqueta, soplando sus manos para calentarlas.
—Claro como la mierda que deseo estar en Las Vegas en estos momentos. Hace frío como la teta de una bruja en un sujetador de latón por ahí, hombre.
—¿Qué te lo impide?
Él sostiene sus manos y frota su pulgar y dedos juntos.
—Esperando el día de pago.
—¿Estás en banca rota, hombre? —Gonzalo siempre tiene dinero. El hijo de puta es un tiburón en las cartas y nunca pierde. Se le prohibió entrar en algunos casinos porque pensaban que estaba contando las cartas, a pesar de que no lo hacía. Es sólo que es muy bueno.
—Aposté todo lo que tenía en una pelea. —Sonríe mientras le deslizo una taza de café.
—¿Y no te han pagado todavía?
—Aposté mucho. —Hace un guiño.
—Ya veo. Bien por ti, hombre, bien por ti.
—¿Cuándo vas a tener entretenimiento aquí?
—En un par de semanas, probablemente —digo cuando me siento en mi taburete detrás de la barra y tomo una bebida.
—¿Con qué vas a atraerlos hasta entonces? —Sonríe, y sé exactamente lo que está pensando.
—No, hombre. —Sonrío de vuelta.
—No hemos hecho una apropiada noche de chicas en años, Pedro.
Hace unos años, Mamá y el anciano se fueron durante una semana. Fueron a un casino o alguna mierda, y yo me quedé a cargo. No teníamos banda esa noche, ya que el viejo no lo permitió. Dijo que no se podía confiar en nosotros.
Yo necesitaba efectivo igual que mis hermanos, y las noches de banda eran las grandes noches de pago. Gonzalo tenía una cita la semana siguiente con una de sus perras baratas, del tipo que requería flores y cena antes de que salieran. Yo estaba tratando de arreglar mi Nova con un nuevo motor pequeño. Lucas quería contratar a un entrenador.
Como resultado, anunciamos una noche de damas, y el lugar se llenó.
Gonzalo estaba jodido y terminó bailando en la barra. Luego Lucas saltó allí también, y los dos se despojaron de su ropa hasta quedar en bóxers. La multitud empezó a corear mi nombre, y yo había bebido lo suficiente para decir: A la mierda.
Tiré el trapo por encima de mi hombro y decidí unirme a la diversión. Me levanté y me moví un poco, me quité las botas, los calcetines, la camisa, y las chicas todavía estaban gritando por más. Lucas se dio la vuelta, cayendo en la multitud o algo de mierda, y le di en el trasero con el trapo.
Divertido como el infierno. Todavía me acuerdo lo molesto que se puso hasta que le di una bebida.
En ese momento, se me cayó el pantalón de mezclilla, y bueno, vamos a decir, que la ropa interior no era mi cosa.
Las jodidas pollitas se volvieron locas. Yo jalé el trapo de mis hombros y cubrí las joyas de la corona Alfonso y luego giré un poco más.
—No pasará. —Me río mientras hago memoria.
—¿Te preocupa que el mío sea más grande que el tuyo ahora?
—Me preocupa una mierda.
—Tonterías. Este lugar te ha mantenido ocupado como el infierno durante unos meses ahora. ¿Cuándo fue la última vez que te acostaste con alguien?
No soy uno de besar y decirlo, así que simplemente sacudo la cabeza hacia él.
—No te preocupes por mi pene. Preocúpate por el tuyo.
Lucas se pasea con una sonrisa.
—¿Quedamos para mañana por la noche? Acabo de colgar un manojo de volantes. Los chicos Alfonso están de vuelta para brindar una Deliciosa Noche de Chicas.
—No, hombre, no lo haremos.
—Eso no es lo que dicen los folletos. —Gonzalo ríe y levanta el puño hacia Lucas.
—Mira, la mierda ha cambiado en los últimos años, hombre. —Niego—. Las leyes y los códigos, hombre.
—Tienes esa puerta. Cierra la puta puerta cuando esté lleno aquí.
Me quedo atrás, apoyándome en la barra de nuevo, y cruzo los brazos.
—No tires esa mierda sobre mí de nuevo. Voy a dejar que suceda esta vez, pero no más. —Ellos se ríen uno con el otro de la misma manera que solían hacer cuando sacaron la venda de los ojos de Mamá. Supongo que era el mayor, y con eso venía la responsabilidad y la mierda—. No lo harán en mi bar.
—Tonterías. —Lucas se ríe—. Todos para uno y uno para todos, hombre.
—Soy dueño de este lugar. No sucederá. Además, atiendo el bar los jueves por la noche. Sin cobertura, no habrá puta presión. Estén felices porque lo estaré permitiendo.
Miro hacia arriba mientras una chica entra en el bar, sosteniendo el anuncio más reciente de “Se solicita ayuda”.
Está envuelta en lo que parece ser cuatro o cinco bufandas y un abrigo de grandes dimensiones. Con su sombrero cubriendo su cabeza, es difícil tener una buena mirada de ella, pero incluso con las capas, no se me escapa que es un pequeño pedazo caliente.
—Hola, estoy aquí para preguntar acerca del puesto.
Los labios de Gonzalo se mueven mientras se vuelve en su banquillo para darle toda su atención.
—¿Qué puesto estás solicitando?
—Umm, cualquier puesto está bien conmigo. Me quedaré con lo que me puedan dar.
—Te daré cualquier posición…
Le doy un golpe en la cabeza con el trapo para que se calle.
—¿Tienes alguna experiencia?
Tan pronto como las palabras salen de mis labios, me arrepiento de ellas. Mis hermanos están volteados, mordiéndose la lengua.
—Muy limitada, pero soy una verdadera principiante rápida —dice en un tono dulce azucarado. Tan dulce. Será comida viva aquí.
—Realmente no tengo tiempo para enseñarle a nadie…
La mano de ella de inmediato va a su trasero, y juro que se lo frota. ¿Es esa una nueva tendencia y me la perdí?
Primero la chica en la recaudación de fondos y ahora esta chica con el frotamiento en su trasero.
—Bueno, mierda, lo hago. —Gonzalo sonríe mientras se vuelve de nuevo hacia ella—. Estás contr…
—Gonzalo… —lo interrumpo. Pero él continúa de todos modos.
—Vuelve la noche del jueves, a las ocho, y trae a tus amigas. Todavía crees poder manejar cualquier posición que tengamos que ofrecerte, para conseguir un trabajo.
Mi mandíbula se retuerce apretada. Antes de que pueda calmarme lo suficiente para no gritarle a mi hermano, ella sonríe da vuelta, y hace todo menos correr hacia la puerta.
—¿Qué carajos te crees que estás haciendo? —Rompo mi mirada.
—Consiguiéndote un poco de ayuda. —Me hace un guiño—. Si no quieres enseñarle las reglas —dice mientras toma su pene—, yo lo haré.
—En primer lugar, si contrato a alguien, como la mierda no la tocarás. En segundo lugar —me señalo—, yo contrato a mis empleados, ¿entendido?
—Joder, no me importa. Sólo espero que vuelva el jueves. —Se ríe como si no tuviera una sola preocupación en el mundo.
—Si lo haces, estoy dentro. —Añade Lucas, sólo poniendo más leña al fuego de mi agresión salvaje en este momento.
—Ustedes cabrones están enfermos. —Tomo un sorbo de mi café y enciendo el televisor. La noche del lunes de fútbol será en breve, y mis Leones juegan esta noche.
Lucas se levanta y camina detrás de la barra.
—Haré alitas. ¿Quieren un poco?
El resto de la noche, nos sentamos en la barra, comemos alitas, nuestra tradición del lunes por la noche con mamá. El viejo siempre se iba el lunes por la noche a alguna parte.
Siempre decía que era un juego de cartas, pero oí que le decía a mamá una vez que necesitaba un descanso de sus responsabilidades los lunes. Sus responsabilidades. Esa era una broma de mierda.
Cuando miro a mis hermanos, ambos parecen más felices de lo que han sido en mucho tiempo. Estoy seguro de que Mamá estaría orgullosa de ellos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)